En el siglo II d.C., durante el convulso declive de la dinastía Han en China, el afamado médico Zhang Zhongjing recopiló el Shanghan Lun (Tratado sobre enfermedades febriles causadas por el frío). En este manuscrito seminal, diseñó una de las formulaciones magistrales más influyentes de la historia botánica asiática: Xiao Chai Hu Tang, cuyo ingrediente soberano e irremplazable era precisamente el bupleurum (Chai Hu).
La concepción clásica sostenía que esta raíz tenía la virtud geométrica de actuar en el síndrome Shao Yang, una suerte de umbral intermedio donde una infección o inflamación no está ni en la superficie del cuerpo ni totalmente en el interior. El bupleurum actuaba como una llave biológica que destrababa el estancamiento energético entre el hígado y la vesícula biliar, eliminando la alternancia entre fiebre y escalofríos y despejando la sensación de plenitud torácica.
Hoy en día, la etnofarmacología contemporánea en Japón (bajo el sistema Kampo, donde se conoce como Sho-saiko-to) ha confirmado lo que la intuición clínica antigua descubrió: las saikosaponinas del bupleurum normalizan las señales intercelulares que conectan el eje hepatoesplénico con el cerebro, validando empíricamente dos mil años de observación médica continua.