En la botánica popular francesa, el aciano ostenta el curioso apodo de casse-lunettes (literalmente 'rompelentes' o 'rompeanteojos'), una denominación nacida en los conventos y farmacias medievales donde se afirmaba que quien lavaba su rostro y ojos a diario con sus infusiones jamás necesitaría lentes para leer, dada su eficacia para aclarar la vista cansada y desinflamar párpados agotados.
El nombre científico del género, Centaurea, se remonta directamente a la mitología clásica griega: la tradición cuenta que Quirón, el centauro sabio instruido en medicina por Apolo y Artemisa, utilizó la savia de esta planta para neutralizar el veneno letal de la Hidra que había contaminado una flecha de Hércules clavada accidentalmente en su pezuña, manifestando la milenaria fama cicatrizante de la especie.
Además, el azul brillante tan característico de sus pétalos es un fascinante enigma bioquímico: el pigmento cianina es químicamente idéntico al de las rosas rojas, pero adquiere su deslumbrante tonalidad celeste al asociarse en un complejo supramolecular con iones de hierro, magnesio y flavonas dentro de las células vegetales.