En la Antigua Roma y Grecia, una planta hoy extinta llamada silfio (Silphium) era tan valiosa que su imagen llegó a acuñarse en monedas de la ciudad de Cirene, en la actual Libia, su único lugar de cultivo conocido. Se utilizaba como condimento, medicina y, según los textos antiguos, como método anticonceptivo natural.
Su demanda fue tan alta en todo el Mediterráneo que los intentos de cultivarla fuera de su hábitat natural fracasaron una y otra vez, lo que disparó aún más su precio y su explotación. Para el siglo I d.C., el silfio ya era extremadamente escaso, y poco después desapareció por completo, convirtiéndose en uno de los primeros casos documentados de extinción de una especie por sobreexplotación humana.
Existe una teoría popular, aunque no comprobada, de que la forma de la semilla del silfio, parecida a un corazón invertido, pudo haber inspirado el símbolo del corazón que usamos hoy en día para representar el amor y el romance.